Recibo cada día miles de correos indeseados. La gran mayoría de estos ni los veo ya que mi servidor tiene un buen filtro "anti-spam", algunas veces esto ocasiona que correos legítimos se pierdan... pero me estoy desviando del tema. No es de eso que quiero hablar. Hoy recibí un email que por pura casualidad leí, y aunque ya sabía del caso quizás algunos de ustedes lo desconozcan.
Hace tres años un conductor embriagado cruzó una luz roja y envistió el carro del joven Johan Enrique Pou Acta, quien murió instantaneamente. Los últimos tres años su madre se ha dedicado en cuerpo y alma a buscar justicia por la muerte de su hijo. Recientemente, y contra toda expectativa de mi parte, el acusado fué condenado en un juicio criminal y civil, pero se encuentra prófugo. La Sra. Acta no cesa en su afán de que el causante de la muerte a destiempo de su hijo cumpla con su condena, pero este se encuentra prófugo.
Esto me lleva a reflexionar sobre la valentía de esta mujer. Yo tengo una hija y no quisiera pensar que por descuido, ignorancia e irresponsabilidad esto pudiera pasarle a mi hija. No se me ocurre que más hacer que correr la voz. Conste que detesto enormemente estas historias tristes del internet, pero en un país donde la principal causa de muerte entre adultos son los accidentes de transito quizás debieramos ponernos en los zapatos de esta señora. Da verguenza que no podamos hacer más.
La historia de Johan Pou.